martes, 6 de mayo de 2014
Señales
Se acercó al defensor de la pileta, un pequeño ruiseñor que resguardaba las melodías del agua. El cerebro ya no bombeaba y las taquicardias eran nulas, al fin. Acelerada, observó de cerca al pájaro e intentó tocarlo para acariciarlo, pero se esfumó. La pileta siguió derramando sus caudales que tanta impresión causaban a sus ojos negros y los hacía resplandecer como dos aceitunitas. Intentó tocar el agua, pero también se esfumó. Se sentó en la orilla de la pileta, pero fue a parar directo al cemento caliente por el sol de enero. Un calor de soledad le inundaba el cuerpo, el agua y su ruiseñor eran la única esperanza. Volvió la cabeza hacia atrás para confirmar que sólo era una ilusión óptica que había tenido a causa del vino y la hierba de la noche anterior. Pero no. La imagen estaba intacta. Una pileta, un ruiseñor, el agua y ella, cercana al metro, al aire caliente, al sol, al smog, al gentío que pasaba sin sentirla y ella sin sentirlos a todos. Era una soledad de esperanzas, una soledad de apariciones. Se quedó observando largo rato y con los ojos cerrados. Sí, con los ojos cerrados, sintió el canto del agua, el canto del ruiseñor, y el ruido de la ciudad se apagó ante la tormenta del placer. Cuando anocheció, desapareció la imagen romántica. En su lugar, un carrito de sopaipillas cantaba el chillido del aceite hirviendo cuando ponían la masa en su interior. Cerró los ojos unos cinco minutos más y sintió el calor de las frituras, con ellas se abrigó las manos y el rostro. Al fin, sonrió satisfecha. La esperanza ahora era de otro color, de otra temperatura. Volvió a casa con los bolsillos llenos de mansedumbre y los ojos estallando de felicidad y congestión. El pájaro muerto yacía en la tina como lo había dejado en la mañana, es decir, hace años. Comprendió el llamado a la sepultura.
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Volviste <3 o supe que volviste, tus palabras han crecido c:
ResponderEliminarSiempre vuelvo... xd
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